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10 de enero de 2019

De La Unidad Trascendente de las Religiones



Saludamos a todos nuestros lectores y pedimos a Maha Devi su bendición para este nuevo año. 

En esta primera luna nueva del año, creemos pertinente presentar esta reseña sobre un libro extraordinario escrito, el siglo pasado, por Frithjof Schuon, un sabio y erudito escritor sobre las diversas tradiciones espirituales tanto en sus aspectos religiosos como puramente metafísicos. 

Que vivimos en tiempos de oscuridad es una evidencia para los espíritus sensibles y orientados hacia la espiritualidad. Y esta oscuridad, que ha podido ser definida como la "crisis del mundo moderno "(Guenon) o la "decadencia de occidente" (Spengler) también afecta desde hace mucho tiempo a las propias religiones, no sólo porque se vuelven cada vez menos atractivas para el ser humano, sino porque la comprensión de la religión y la dimensión metafísica que poseen se han vuelto incomprensibles. 

El fanatismo y la rigidez siempre será una tentación para algunos estudiosos y líderes religiosos, se enfrenta muchas veces a esto un ecumenismo religioso con el afán de lograr la tolerancia y la convivencia pacífica entre las mismas. Sin embargo, esta última posibilidad no se realiza apelando al esoterismo o a la dimensión metafísica que subyace a todas las religiones. Por ello consideramos que esta obra de Schuon es valiosa porque trata de manera objetiva y en clave metafísica la situación de las tradiciones espirituales de la humanidad tanto de Occidente como de Oriente. Por eso recomendamos desde ya, a nuestros lectores, la lectura de este libro… 



El autor empieza haciendo una distinción fundamental entre metafísica pura y lenguaje teológico y filosófico. Este último, nos advierte Schuon, es el menos autorizado por ser eminentemente especulativo e individual, al menos así se presenta sobre todo en su formulación moderna. 

Y aquí es dónde expresa una idea esencial de su libro: 

“ ‘El Espíritu sopla donde quiere’; y, a causa de su universalidad, rompe la forma, pero está obligado, sin embargo, a revestirse de ella en el plano formal ” 

Las doctrinas esotéricas de todas las formas tradicionales parten de la realidad absoluta, la cual es infinita y perfecta. También, siempre en clave metafísica se le puedo llamar universal e inmanifiesto. El autor nos propone el símbolo de esta realidad como la luz increada (digamos de paso que para toda metafísica el lenguaje simbólico siempre es el más apropiado.) Esta luz increada precede a las luces y sus diversos colores, cuya refulgencia solo es posible por la luz increada que manifiestan, o que las hace posibles: 

“Si se nos permite tomar un ejemplo dentro del orden sensible para ilustrar la diferencia entre el conocimiento metafísico y el teológico, podremos decir que el primero, al que llamaremos ‘esotérico’ cuando se manifieste mediante un simbolismo religioso, tiene conciencia de la esencia incolora de la luz y de su carácter de pura luminosidad; determinada creencia religiosa, en cambio, admitirá que la luz es roja y no verde, mientras que otra concreta creencia afirmará lo contrario; ambas tendrán razón en que distinguen la luz de la oscuridad, pero no en cuanto la identifiquen con un color determinado” 

La idea de que una forma tradicional no agota la luz increada, y que esta última subyace a todas las demás formas, podría explicarse por los niveles de acercamiento que los creyentes o iniciados tienen de sus libros sagrados. La literalidad o el aspecto moral quedan dentro de toda exégesis en un nivel exterior, mientras que la interpretación simbólica o mística, tal como lo concebía Orígenes, se corresponde al nivel esotérico y por lo tanto más restringido. Esto último debido a la distinción natural que existe entre los seres humanos. 

En palabras de Shuon: 

“…cualquier verdad expresada reviste necesariamente una forma, la de su expresión, y es metafísicamente imposible que una forma tenga un valor único con exclusión de otras formas; pues una forma, por definición, no puede ser única y exclusiva, es decir, que una forma no puede ser la única posibilidad de expresión de lo que expresa” 

El afán exclusivista y rígido de las religiones de origen semítico o el llamado tronco abrámico (Cristianismo e Islam) manifiesta quizá el aspecto negativo del exoterismo cuando se asume a esta desgajada de la visión esotérica en la que se encuentra, sin embargo, la metafísica pura y por lo tanto las posibilidades últimas de toda forma tradicional. 

René Guenón y Frithjof Schuon


Un caso interesante y a la vez enojoso sería la actividad misionera realizada por algunos grupos cristianos desde hace ya buen tiempo en las tradiciones del Oriente, como la tradición espiritual china o hindú. Schuon nos dice sobre el caso hindú lo siguiente: 

“Uno se dirige a los brahamanes, por ejemplo, para exigir de ellos el abandono total de una tradición varias veces milenaria que innumerables generaciones han experimentado espiritualmente y que ha producido flores de sabiduría y de santidad hasta nuestros días; y los argumentos que se esgrimen para justificar esta inaudita exigencia no contienen, sin embargo, nada que sea lógicamente concluyente ni proporcionado a la amplitud de la exigencia en cuestión. Las razones que los brahamanes tienen para permanecer fieles a su patrimonio espiritual son, pues, infinitamente más sólidas para ellos que las razones por las que se les quiere llevar a dejar de ser lo que son. “  


Creer que una religión es la única vía o camino espiritual sería como limitar a la realidad divina, lo cual es un contrasentido metafísico pues lo finito no puede agotar o abarcar lo infinito. Por ello, toda tradición espiritual, si posee ortodoxia doctrinal y métodos válidos de realización es, o representa, un camino vivo y seguro hacia Dios. Siguiendo con el caso hindú, Shuon afirma lo siguiente: 

“La desproporción, desde el punto de vista hindú, entre la inmensa realidad de la tradición brahmánica y la insuficiencia de los contrargumentos religiosos es tal, que esto debería ser suficiente para probar que si Dios quisiera someter al mundo entero a una sola religión, los argumentos de ésta no serían tan débiles, ni los de algunos llamados ‘infieles’ tan fuertes. Dicho de otro modo, si Dios no estuviese más que del lado de una única forma tradicional, el poder persuasivo de ésta sería tal que ningún hombre de buena fe podría sustraerse a él”

Los casos de conversión de ciertas personas a una forma tradicional específica no invalida esta perspectiva, siempre cuando parta de una auténtica afinad intelectual con esa forma tradicional que quiera asumir, lo cual estaría, hablando en términos hindués dentro del karma y el dharma de esa persona. Además estos casos, que históricamente no son pocos, se han realizado cuando se ha entrado en contacto con la dimensión esotérica de una forma tradicional determinada. 

Hay otros aspectos tratados en el libro que estamos hasta ahora reseñando, pero consideramos que hasta aquí es suficiente para mostrar que la unidad trascendente de las religiones se basa en un núcleo o en ciertos principios metafísicos que están y estarán siempre dispuestos para el peregrino espiritual. 

On Maha Devi Namaha

15 de junio de 2018

El Templo Hindú



(Segunda parte) 



En nuestro texto anterior afirmamos que el templo hindú estaba estrechamente ligado a la naturaleza. Y esto quizá exige una primera observación: pese a existir millones de templos en la India, éstos no son imprescindibles para que el hindú pueda consumar sus actos de adoración. Por eso es común ver en las ciudades más tradicionales de la India (Benarés, Haridwar, Rishikesh, Yosimat) cómo hindúes se detienen ante ciertos árboles o ciertos ríos para realizar allí una ofrenda, oración o simplemente sentarse en actitud contemplativa. Aparte de esto, la naturaleza está presente en el templo no sólo de manera fáctica, en el agua, las ofrendas (que mayormente son flores o frutos) y el fuego, sino también por el simbolismo que mayormente está presente en la deidad que habite el lugar. No está demás insistir que no hay aquí pizca alguna de panteísmo. Pues reconocer la presencia divina en el devenir no se hace desconociendo la trascendencia de la divinidad. 

Un hecho que debo resaltar es que en los templos hindúes no se suelen realizar ciertas ceremonias o reuniones comunitarias que tengan como fin el participar de alguna prédica. Muchas ceremonias o sacrificios tradicionales se realizan en las casas de las familias (como el matrimonio). O simplemente al aire libre y cerca a la naturaleza, si se puede. Hay templos incluso tan pequeños en que ni siquiera cabría esto como posibilidad. 

Un templo de regular tamaño puede tener varias estancias, también varios altares, pero mayormente tendrá una deidad principal o central. El movimiento dentro del templo es incesante. Los devotos y peregrinos ingresan siempre en actitud reverente encaminándose hacia la divinidad principal. Pues a ella es a quien lleva su ofrenda y respeto. Ésto en la búsqueda de tener el darsham de la deidad. La palabra darsham que se traduce como presencia, indica que el hindú va al templo a participar de la presencia de Dios, así como también puede hacerlo con un gurú en un ashram, pues también se tiene el darsham de un gurú. 

Creo que en el darsham uno es visto o mirado por la divinidad. Quiero decir que comúnmente nos puede parecer que uno mira o contempla a la deidad pero en realidad ella nos mira a nosotros. Entonces, el asunto es tener la actitud adecuada para dejarse mirar por ella. 

Hay templos en India muy populares y famosos. En los que miles de devotos buscan el darsham con la deidad. En Calcuta pude asistir al famoso templo de la Diosa Kali, de la cual el gran santo hindú Rama Krishna, fue su adorador y sacerdote. Ya estando a pocos metros frente a la deidad decenas de devotos estaban apretujados delante de mí, lo cual me impedían ver los ojos de la Diosa. Debido al ajetreo pensé que no iba a ser posible, en esta visita, tener la bendición, pero de pronto, en un instante, se abrió un espacio y tuve los ojos de la Diosa Kali sobre mí por unos segundos. Pronuncié un mantra y me retiré satisfecho. 

Los que custodian los templos en la India y realizan los rituales son los sacerdotes o brahamnes. Ellos conforman la primera casta dentro del orden social hindú y que tiene fundamento en los mismos vedas. Muchas veces al llegar al templo se le entrega a él la ofrenda y a la vez éste puede colocarte la tika o marca en el entrecejo que es como la bendición de la deidad. También puede darte algún fruto o agua que ha sido ofrecida. Aparte, también se puede ver siempre en los templos o cerca de éstos a monjes o sadhus que están con sus cuentas en la mano, realizando lo que se llama “japamala” repetición del nombre divino. Una vez, por ejemplo, en el templo de Kedarghat en Benarés me conmovió un grupo de monjes que estaban como en un pequeño círculo recitando los mantras sagrados. 



Continuaré con este tema en mi siguiente publicación… 

5 de noviembre de 2017

La persistencia de lo religioso


Parece que la religión se ha vuelto una experiencia imposible en la cultura occidental moderna. Y cuando decimos religión nos referimos a las posibilidades últimas que ésta otorga al ser humano. La posibilidad máxima está inscrita en el sentido etimológico de la propia palabra “religión”: religare que es unir o unión, pero no solo a los individuos (lo cual haría de la religión un simple hecho social), sino, el reconocimiento de la unidad que existe entre la esencia del ser humano y lo que llamamos Dios. 

El proceso de desacralización que se ha producido en occidente ha ido borrando esta posibilidad de la que hablamos. Sin embargo, persiste todavía en lo que se ha llamado el oriente tradicional, y muy particularmente en la India. Es por eso que queremos empezar este texto explicando la naturaleza de la experiencia religiosa. 

El estudio de la religión ha sido un desafío constante para los intelectuales a través del tiempo, sobre todo para los hombres modernos. Se han dado diversas visiones tanto desde la psicología, la sociología y la filosofía. Sin embargo, creo que la mejor perspectiva para abordar el fenómeno religioso es la que nos brinda la metafísica tradicional, pues ella se alimenta de las propias doctrinas de todas las tradiciones espirituales existentes. 

René Guenón, quizá el mejor expositor del siglo XX de las doctrinas metafísicas orientales afirmó lo siguiente:

“podemos decir que la Religión consiste esencialmente en la unión del individuo con los estados superiores de su ser, y, por ello, con el Espíritu Universal”* 

Partiendo de esta definición podemos evidenciar el alejamiento que se ha producido de lo verdaderamente religioso. Lo que es accidental, es decir, las diversas condiciones y variantes a la que están sometidas las diversas sociedades ha hecho perder lo esencial. Por eso el aspecto moral e institucional, que tienen su justo valor en el terreno correspondiente, acaban teniendo primacía sobre lo doctrinal y ritual.

Lo que señalamos hasta ahora lo consideramos necesario, pues este blog trata sobre la Tradición Hindú, la cual mantiene una tradición eminentemente religiosa, pero que tiene un alcance espiritual mayor al que presentan las religiones occidentales en su estado actual. Para afianzar este punto de vista volvamos a la definición de Guenón a la que podríamos considerar propiamente hindú: 

“La Religión, subrayémoslo, es la unión con el Sí interior, el cual es él mismo uno con el Espíritu Universal, y no pretende ligarnos a ningún ser exterior a nosotros, y forzosamente ilusorio en la medida en que fuera considerado como exterior"**

Por eso afirmamos que en la India tradicional persiste lo religioso en las enseñanzas de los swamis y monjes de las diversas órdenes que se remontan hasta la antigüedad. La enseñanza principal a la que nos hemos referido: la identidad entre el alma humana y el absoluto (Brahman). Esta doctrina metafísica se conserva sobretodo en el Vedanta expuesto hace mucho tiempo por Adi Shankaracharya. Y podemos agregar como consideración final que la Tradición Hindú no solo conserva la doctrina sino también el método. Es decir, los medios mediante los cuales un auténtico buscador puede llegar a alcanzar al supremo Brahman.

*Articulo "La Religion y las Religiones" publicado en La Gnose, 1910.
**Idem.